Ellas se miraron asustadas e intentando buscar alguna plan para percibirlo.
- No puede ser gay- susurraron las dos a la vez mirando al suelo.
Volvieron a la mesa y la cena transcurrió de lo más normal. Su tía había hecho pollo con arroz y su madre había preparado tacos de un queso que sus vecinos le habían traído de París. Se arreglaron para la fiesta y se encontraron todos en la Plaza Mayor. El número de personas era mucho mayor al de la semana anterior: los primos de Jose Miguel habían venido de Granada a pasar unos días a Ocaña y ya estaban borrachos y cantando con esa alegría que les caracteriza.
- Si no empiezas tú, empiezo yo- susurró Elisabeth al oído de Mariglo. Elisabeth se había soltado el pelo y se había puesto un vestido blanco por encima de las rodillas y un escote que no dejaba mucho a la imaginación.
- Yo necesito un par de copas para esto- dijo Mariglo sin apenas mirarla- y tú podrías haberte tapado un poco, te vas a resfriar- dio unos cuantos pasos más y arrimó su vaso a las manos de Bruno que estaba llenando el suyo de calimocho.
- Gracias- dijo Mariglo sonriendo y bebiendo- y… ¿cómo os conocisteis mi hermano y tú?
- Bueno, nos conocimos en Barcelona. Yo soy de allí, mis padres siguen viviendo allí, de hecho- Mariglo le miraba expectante- y bueno, nos aburrimos de aquello y decidimos unirnos y abrir un bar en Madrid.
- ¡Así que tú fuiste el culpable!- bromeó Mariglo sonriendo. Estuvieron un buen rato hablando hasta que Jaime les interrumpió.
- Vale ya de hablar, ¿no? Vamos a bailar- dijo Jaime mientras movía la cintura de un lado a otro. Rieron y bailaron ridículamente hasta que llego Galo. Se miraron sin decirse nada hasta que Mariglo fue a rellenar su vaso.
- ¿Cómo va eso?- dijo Galo sirviendo a Mariglo y sonriendo como si no hubiera pasado nada.
- ¿Qué es lo que quieres?- dijo Mariglo desconcertada y mirando su vaso.
- Yo tengo muy claro lo que quiero- respondió Galo- te quiero a ti- susurró mientras bebía- estoy esperando a que me digas qué es lo que quieres tú. Para mí no ha pasado el tiempo, cuando te vi, volví a ser un crío y siento que no he dejado de comportarme como tal desde que volviste. He estado toda la semana esperando alguna reacción y al no tenerla, y saber que tú puedes vivir sin mí me desespera.
- No…no sé qué decirte, Galo- susurró Mariglo desconcertada y con los ojos cristalinos.
- Ya lo sé, por eso no te he preguntado nada, ni siquiera te he pedido nada. Cuando lo sepas, ya sabes dónde buscarme. Sólo espero que no sea demasiado tarde- dijo levantando su vaso y marchándose. Vino Bruno. La miró sonriendo y la invitó a tomarse otro vaso. En ese momento Elisabeth se acercó a Galo. Ella no dejaba de tocarse el pelo intentando llamar su atención. Se escuchaba su risa desde la otra punta de la plaza.
- ¿A tu prima le gustan todos?- preguntó Bruno. Mariglo la miró sorprendida- ¡Ah! Perdón. No quería decir…
- No, si tienes razón- interrumpió Mariglo entre risas- supongo que las nuevas generaciones nos llevan años de ventaja- dijo con melancolía.
En ese momento Elisabeth besó a Galo. Mariglo soltó el vaso que cayó al suelo y suspiró sin poder soltar el aire.
- ¡WOW!- gritó Bruno. Y Mariglo respiró.
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