Antes de pagar al taxista, sacó un pequeño espejo de su bolso y se retocó el maquillaje. Al salir se puso bien la falda, se retiró el flequillo de la cara y caminó hacia la puerta. Al llegar a su oficina, un nuevo post-it la esperaba encima de su portátil apagado. “Glo, ha venido una vieja amiga de Madrid y me va a ser imposible ir a comer contigo. ¿Cenamos esta noche? Jordi.” Miró a un lado y a otro pensando que era una broma hasta que se dio cuenta de que no. Se sentó en la silla con el post-it en la mano y se quedó mirando fijamente el marco de una foto que tenía con su hermano en la mesa de su despacho. Reaccionó cuando entró su superior.
- Gloria. ¿Cómo lleváis el caso de la custodia de la niña? Quiero un informe detallado- dijo señalando hacia su mesa de trabajo- ¿Sabes algo de Jordi? No logro localizarlo.
Mariglo se moría de ganas de decirle que estaba con una chica y que estaba descuidando su trabajo. Pero al final le dijo que había ido a interrogar a la profesora del colegio de la niña. Su superior quedó contento y recordó a Mariglo que ese año tenía dos semanas de vacaciones en agosto y que su mujer trabajaba en una empresa de turismo. Tras irse su superior del despacho, cogió un bolígrafo y escribió un post-it para Jordi. Al no caberle decidió coger una hoja blanca: “Jordi, espero que vaya muy bien la comida. He ido a ver a la profesora de la niña del caso. Le he dicho al súper que has ido tú porque no te encontraba. Me debes una. Gloria” Mariglo se moría de ganas de decirle que esperaba que le fuera muy mal la comida y que no volviera a ver más a esa amiga, pero no quería parecer celosa y desesperada. Cogió su maletín y salió hacia el colegio.
Al llegar allí no pudo parar de sonreír en todo momento, recordó su infancia en un centro muy parecido. Llamó al timbre y entró. Esperó en el hall mientras la recibía la directora. La columna principal simulaba un árbol y tenía enganchado hilos que llegaban a una punta y otra de las paredes. De los hilos colgaban flores preciosas que supuso que habrían hecho los niños de allí. También había un cuadro enorme con el mapa del mundo y sus capitales señalizadas con las respectivas banderas. De la enorme escalinata principal bajó la directora del centro: una mujer bajita, con el pelo rizado blanco y los ojos pequeños y claros.
- Me llamo Inés- dijo la mujer- en qué puedo servile. -
Soy la abogada de la madre de una alumna que está en trámites de separación- dije sujetando mi maletín con las dos manos- me preguntaba si podía hacerle unas preguntas a su profesora.
La directora la acompañó hasta la clase de la niña. Llamó a la puerta y Mariglo pudo concretar una cita con la profesora. Quedaron después de comer en el bar de la esquina de aquella misma tarde. Mariglo se sorprendió al ver con la naturalidad que expresaba las emociones aquella profesora y lo dispuesta que estaba con que se hiciera justicia. Mariglo iba anotando lo que creía importante en una libreta pequeña que se había comprado en un todo a cien. Al acabar, pidió el número de teléfono a la profesora y se marchó.
Llegó al despacho con los pies destrozados después de haber andado tanto. Pasó por el despacho de Jordi sin mirar aunque notó que estaba allí dentro. Pudo escuchar que estaba hablando por teléfono así que pasó deprisa. Se sentó en su silla buscando vanamente una nota de agradecimiento por parte de Jordi. Pero no. No había ninguna nota. Encendió su ordenador para empezar a escribir su informe pero al ver que no se concentraba lo apagó y se fue para su casa. Al llegar a casa y tras la rutina de siempre, se tumbó en el sofá con el pelo mojado y se hizo un bol de palomitas. Recién sonadas las diez y media sonó su móvil: era Jordi.

