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MG XXIII

Ella era morena y alta, bien podría ser una modelo. Sus andares preocupados la hacían parecer patosa. Mariglo soltó su maleta y tragó saliva. Una saliva ardiente que la hizo retroceder dos pasos de donde estaba él sin mediar palabra. Jordi ayudó al conductor a coger las maletas. Tenía la mirada triste. Él era una de esas personas que caían bien a primera vista, pero no se esforzaba nada en ser simpático. Seguramente que Jordi habría ido a tomar el sol, ya que estaba muy bronceado, pero sus ojeras demostraban que no había pasado una mala noche. Al despedirse del conductor, borró lentamente esa sonrisa encantadora al ver a Mariglo. Sus ojos de clavaron en los de ella. Bajó su mano lentamente mientras la miraba. La chica que le acompañaba le cogió del brazo y le obligó a andar. Jordi giraba su cabeza para mirarla sin mediar palabra. Ella tampoco pudo decir nada, simplemente mirarle mientras se marchaba empujado por aquella chica preciosa.

- Así que, ¿es este?- dijo su hermano ayudándola a levantar su maleta del suelo. Mariglo agarró con fuerza su maleta y, cabizbaja, se dirigió hacia el coche. Durante el camino sólo se escuchaban los gritos de Jaime y Flavia que ya estaban pensando en salir de copas aquella misma noche y Bruno les interrumpía de vez en cuando para indicar el camino hasta llegar a casa de sus tíos. Vivían a dos manzanas del piso de Mariglo. Bruno apretó el muslo de ella, pero ni siquiera se inmutó. Intentaba encender el móvil que se apagaba nada más encenderlo porque se había quedado sin batería, y miraba por la ventanilla del coche al vacío. Miraba los parques, los árboles, los vecinos, como si hiciera un año que no les veía. Como si volviera de nuevo a su rutina, a su rutina sin Jordi.

Al llegar a casa Mariglo puso su móvil a cargar, se quitó la chaqueta y se sentó en el sofá a mirar la tele. La tele que estaba apagada.

- Creo que si la enciendes salen imágenes y sonidos. Dicen que es más entretenido.- bromeó Jaime intentado hacer reír a su hermana. No funcionó, siguió mirando la aquella pantalla negra sin mirar a su hermano. Con la mirada perdida, sin reaccionar siquiera.

- No tengo nada que ver- susurró Mariglo. Buscó los ojos de su hermano.- Jaime, ¿me podéis dejar sola? Necesito pensar y no lo voy a hacer si tú estás aquí.- exigió estirándose lentamente en el sofá. Jaime miró a Flavia que caminaba hacia Mariglo para consolarla y la cogió del brazo para que no lo hiciera.

- Vengo después. Te queremos, ¿vale? Tendré el móvil encendido, no dudes en llamarme si me necesitas- dijo Jaime poniéndose de nuevo la chaqueta y saliendo por la puerta con Flavia.

Mariglo no dijo nada más. Se quedó en la misma posición en la que estaba y al escuchar la puerta empezó a llorar. Sus lágrimas caían sin consuelo, como si necesitaran salir todas juntas, como si no fueran a parar nunca, como si les fuera la vida en salir de sus ojos. Lloraba con dolor, con rabia, con pena. Fue al baño a mojarse la cara y se miró al espejo. Se dio la espalda a sí misma apoyándose en la pica y continuó llorando. Parecía como si se le fuera a salir el alma por la boca, como si ya no le hiciese falta, como si ya no lo necesitara. Encendió el móvil. Suspiró y se sentó de nuevo en el sofá. Tras pasar un rato y llegarle dos mensajes de publicidad que apenas pudo leer porque las lágrimas le nublaban la vista, le llegó un mensaje de Jordi. El jueves pasado a las 18’27: “¿Has leído el e-mail? Un beso.” Mariglo se sobresaltó intentando recordar qué estaba haciendo aquel jueves a esa hora. Empezó de nuevo a titubearle el labio inferior hasta que estalló en un llanto de nuevo. Dejó el teléfono en la mesa con suavidad y fue para el baño de nuevo. Sonrió a su reflejo y se volvió a lavar la cara. Contó hasta diez suspirando con seguridad e intentando no soltar ninguna lágrima más. Fue hacia el salón con temor de coger el móvil y llamarle. Le temblaban las piernas, las manos, los dientes y seguramente también le temblaba el corazón. Miró al techo pensando en qué iba a decirle y cómo iba a hablarle. Probó algunos tonos de voz con el teléfono en la mano y decidió irse al espejo para darse fuerzas a sí misma. Buscó su nombre y llamó. Dos tonos. Tres. Y no lo cogió. Mariglo colgó y soltó un suspiro de salvación. Decidió hacerse algo de comer. Fue hacia la cocina y abrió la nevera: estaba vacía. Abrió la despensa y encontró una lata de atún que abrió y se comió con una cucharilla. Antes de sentarse en el sofá sonó el teléfono. Mariglo salió corriendo a por el teléfono que se lo había dejado en el baño. Número oculto. Cogió aire y descolgó.

- ¿Sí?- preguntó con la voz más alegre que pudo.

XXI-I

Era cuestión de días entender que el agua y el fuego no se podían llevar bien. Y allí estaba aquel dragón ya casi sin fuerzas, sentado frente a la inmensidad del mar. Dejando que sus lágrimas se fundieran en las leves olas que el mar despedía casi  sin fuerza, destrozado…y el dragón, que había conseguido tocar el horizonte sin querer, miraba a aquellas rocas con pena, susurrando bellas palabras que el mar no podía escuchar. El agua se había vuelto transparente allí sólo había rocas inertes incapaces de moverse o de sentir. Al verlas lo entendió: se había acabado.

mar

Era libre, y por mucho que fuera libre el corazón le seguía doliendo como si fuera menos libre que nunca. Las olas cada vez eran más leves, como si no quisieran hacer ruido; parecía como si, de un momento a otro, el mar fuese a quedar inmóvil y no se fuese a escuchar nada. Cerró fuerte los ojos y suspiró. Al volver a abrirlos el mar ya no estaba. El dragón, por miedo a romper su silencio, no lo buscó, caminó hacia atrás, soltó una última lágrima y se marchó, se marchó volando.

MG XXII

Al parecer, en el árbol que había justo delante de la ventana de la cocina unos gorriones habían hecho un nido y los polluelos no paraban de piar. Posiblemente, estuvieran esperando a que su madre les trajera algo de comer. Simplemente se escuchaba el piar de los polluelos y la tensión hacía que cada vez se escucharan más fuertes. Mariglo se apoyó en el respaldo de la silla y le miró con compasión. Galo se llevó las manos a la cabeza y, frotándosela con las uñas, empezó a llorar.

- Pero, ¿lo va a tener?- preguntó Mariglo volcándose hacia la mesa y cogiendo una de las manos de Galo. Él asintió y siguió llorando- pero se supone que es una decisión de los dos- continuó Mariglo- no debería pensar simplemente en ella- Galo levanto la cabeza: tenía los ojos rojos, no sólo de ese momento sino de haber estado llorando un buen rato. Mariglo se levantó asustada y le abrazó- no te preocupes, que todo saldrá bien.

- Es que no lo entiendes- reprochó Galo entre sollozos- yo te quiero a ti, yo quería casarme contigo, quería tener una familia contigo. ¿Cómo voy a mirar a ese bebé sabiendo que no es tuyo?- gritó Galo enfadado y apartando a Mariglo. Ella se quedó desconcertada. Parecía como si todas sus palabras se hubieran quedado en Barcelona, y en Toledo no hubiera ninguna, no hubiera ninguna acertada, ninguna buena.

- No sé qué decirte…- respondió Mariglo mirando al suelo.

- Yo sí que sé qué puedes decirme. Que sí, que quieres casarte conmigo y yo seré el hombre más feliz del mundo- dijo Galo desesperado y cogiendo las manos de Mariglo- sé que puedo hacerte feliz. Sólo necesito que me digas que me quieres y nos vamos a donde quieras juntos, lejos de todos, solos tú y yo- Mariglo se asustó. Arrancó sus manos de las de Galo y suspiró profundamente- dime que no quieres estar conmigo, que te da igual si me caso con tu prima, que no se te desgarra el estómago al vernos juntos, que no tienes ganas de besarme- susurró acercando sus labios a los de Mariglo. Ella intentó empujarle poniendo las manos en sus hombros pero Galo la cogió por la cintura y la besó. Fue un beso sentido, con mucho cariño, pero sin amor. Se separaron lentamente abriendo los ojos con calma y separándose poco a poco.

- Supongo que estoy es una despedida- dijo apartándose por completo de Galo- nos veremos en tu boda, espero que seas muy feliz- dijo Mariglo mirando al suelo y caminando hacia la puerta. Galo miró al suelo sin mediar palabra y dejándola marchar- ¡Galo!- grito ella desde la puerta- serás un buen padre, eres una buena persona- dijo Mariglo sonriendo y marchándose. Galo asintió con la cabeza y se fue.

Mariglo se dio una ducha mientras su hermano y Bruno acababan de hacer las maletas. Sus padres les acompañaron al aeropuerto. Se despidieron y entraron en el avión. Mariglo sacó entonces una agenda que se había comprado en su viaje a Madrid y empezó a planear la semana siguiente. Se sintió aliviada: por fin parecía que volvía todo la normalidad. No contó el domingo, pues el sábado llegarían sobre la hora de cenar, pero contaba en quedar con Flavia y Cleo el domingo. Tenía muchas ganas de verlas. Miró a su hermano y, en vista de que no le estaba mirando, escribió en el mismo lunes ‘Recuperar a Jordi’ en mayúsculas y subrayado.

- ¿Ya lo tienes claro?- preguntó Jaime. Mariglo se sonrojó y cerró la agenda dejando el bolígrafo dentro. Su hermano sonrió y volvió a cerrar los ojos.

- Ahora más que nunca estoy segura de que es el amor de mi vida- susurró mirando por la ventana. Jaime volvió a sonreír. Bruno se había puesto unos cascos y estaba dormido y Jaime iba por el mismo camino. Al final Mariglo también se quedó dormida. Tardaron una hora y cuarto en llegar a Barcelona. Entre que salieron del avión y no eran las diez menos cuarto. Al parecer Jaime había llamado a Flavia para que les fuera a buscar. Tras el jaleo de recoger las maletas se dirigieron hacia la puerta.

- ¡Flavia!- gritó Mariglo corriendo y dejando atrás a los dos chicos. Se abrazaron. Flavia traía en su mano el móvil de Mariglo y ella feliz lo cogió con rencor y lo encendió corriendo- ¡cuánto lo he echado de menos!- gritó besando el aparato. Tras las presentaciones se dirigieron hacia el coche planeando una cena rápida en cualquier lugar de paso. Las miradas entre Jaime y Flavia recordaban a dos adolescentes enamorados con miedo a confesarlo. Ambos estaban nerviosos, temblaban y les costaba vocalizar, sacaban cualquier tema, ya fuera importante o no, e intentaban que no se produjera el silencio. Jaime metió las maletas en el coche y a Mariglo, que iba distraída encendiendo el móvil, casi la atropella un taxi. Se asustó indignada e insultó al conductor, el corazón le latía a cien por hora, pero más le latió cuando vio quién bajaba del coche: era Jordi. Jordi acompañado de una chica preciosa.

MG XXI

Elisabeth, emocionada, abrazó a su prima con mucho énfasis y balanceándola de un lado a otro. Mariglo se quedó inmóvil, sin mover siquiera los brazos. Al separarse de ella Mariglo buscó a Jaime desconcertada.

- Es genial- logró decir sin mirarla a los ojos. Entró en la cocina y cogió la botella de champán que había en la mesa y le dio un sorbo. Suspiró, sonrió a los allí presentes y dio otro.

- ¿Te vas a volver alcohólica ahora?- susurró Jaime quitándole la botella de las manos- acompáñame arriba, vamos a hacer las maletas- Jaime cogió a su hermana de la mano y logró subirla hasta su habitación. La sentó en la cama y se sentó en el suelo frente a ella, pero lo suficientemente cerca como para tener sus manos cogidas. – ¡Qué!- susurró Jaime intentando buscar los ojos de Mariglo. Ella estaba en estado de shock y con la mirada perdida- ¿Me vas a explicar qué es lo que te pasa?- dijo sacudiendo los brazos de su hermana.

- ¿Sabes que me lo pidió a mí ayer?- dijo levantando la mirada lentamente hacia los ojos de Jaime- me…me lo pidió en nuestro sitio, hace sólo unas horas- susurró Mariglo mientras se le escapaba una lágrima.

- Supongo que le dijiste que no, por eso se lo pidió a Eli, ¿no?- aclaró Jaime. Mariglo le miró sin entender nada y agarró un cojín para pegar a su hermano. Jaime salió corriendo por la habitación esquivando la furia de Mariglo mientras reía a carcajadas. Logró cogerla por los brazos para inmovilizar sus movimientos- ¡¿Estás loca?!- gritó intentando tranquilizar a su hermana. Mariglo lloraba de rabia, temblaba y cada vez respiraba más fuerte. La puerta estaba abierta y al escuchar pasos los dos hermanos se separaron y miraron a ver quién era. Era Galo. Se asomó lentamente y sin hacer ruido. Al ver a Mariglo sonrió. Ella le lanzó el cojín con rabia. Galo cogió el cojín y se asustó al ver que corría hacía él. Jaime cogió a su hermana por la cintura y consiguió cerrar la puerta con el pie.

- ¡No quiero volver a verte en mi vida!- gritó Mariglo antes de que Jaime lograra cerrar la puerta. Su hermano la tumbó en la cama y la cogió de los hombros para calmarla. La furia de Mariglo se convirtió en lágrimas. Se llenó la cara de lágrimas frías y amargas. De esas que cuesta de secar y que duelen al caer. Ni siquiera se preocupaba por secárselas, simplemente giró su cabeza hacia un lado y le pidió a su hermano que se fuera. Cuando Jaime se levanto de su cama se giró completamente para un lado y se encogió para llorar. Mariglo se quedó en su habitación hasta la hora de comer.

- Glo, cariño, ya está la comida. ¿Cómo te encuentras? Me ha dicho Jaime que estabas mal- su madre se sentó en la cama y le tocó la frente- estás muy caliente, ¿te encuentras bien?- Mariglo en aquel momento se incorporó y abrazó a su madre sin llorar.

- Simplemente me da pena irme. Estoy muy a gusto aquí- susurró Mariglo mirando hacia arriba e intentando contener las lágrimas. Bajaron a comer: pollo con patatas. No surgió la conversación de la boda durante la comida, cosa que Mariglo agradeció. Tras comer, subieron los tres para hacer la maleta. El avión salía a las ocho y tenían que ir hasta Madrid para cogerlo. Su madre no quitó los ojos a todos los movimientos que estaba haciendo Mariglo.

- Bueno, nos veremos en la boda, ¿no?- preguntó su madre volviendo a doblar una camiseta azul que estaba en un cajón.

- Hombre, espero que nos veamos antes de que acabe el año- respondió Mariglo.

- No, si al parecer se casan pronto, para Noviembre o así.

- Sí que tienen prisa. Supongo que podré pedir fiesta- aclaró cerrando la maleta- bueno mamá, ha sido un placer, te voy a echar mucho de menos- dijo abriendo sus brazos y abrazándola.

- ¡Gloria!- gritó su padre desde el comedor. Sólo utilizaba su nombre completo para regañarla o para las cosas importantes- ¡Tienes visita! – Jaime salió corriendo de su habitación y la miró haciendo un gesto para que se calmara. Mariglo le miró asintiendo y bajando las escaleras. Y allí estaba Galo. Más pelirrojo que nunca y tan guapo como siempre.

 - ¿Podemos hablar un momento? Sin cojines de por medio si puede ser- dijo intentando romper el hielo. Mariglo asintió señalando hacia la cocina y caminando delante de él. Galo suspiró sentándose en una silla

- No sé cómo empezar- susurró frotándose los ojos con una mano.

- Tal vez podrías empezar por decirme por qué me pides que me case contigo y cuatro horas más tarde se lo pides a mi prima- reprochó Mariglo levantándose- ¿quieres algo de beber?

- Glo, por favor. ¿Puedo explicarme?- ella se sentó haciendo un gesto con la mano para que continuara- Es difícil de explicar. Yo te quiero muchísimo, no sabes cuánto, pero me dijiste que no y…

- ¿Me estás diciendo que te casas con ella por despecho?- preguntó Mariglo indignada.

- No, no. Ni mucho menos. Simplemente…

- Simplemente, ¿qué? ¿Quieres hablar claro?- preguntó Mariglo clavando sus ojos en los de Galo y dando un golpe en la mesa.

- Eli está embarazada- susurró Galo tragando saliva.

MG XXI

Galo puso una rodilla en el suelo y siguió con los ojos fijados en los suyos. Los ojos de ella se empezaron a llenar de lágrimas y empezó a tener calor: empezó por la nuca y acabó en el pecho. El temblor, en cambio, empezó por las rodillas y acabó en sus manos, que se volvieron frías e inestables. Empezó a parpadear más de lo normal intentando articular palabras pero sin encontrar la voz. Galo metió su mano en el bolsillo derecho del pantalón y antes de que lograra sacar nada Mariglo logró reaccionar.

- ¿Qué?- preguntó levantando a Galo del suelo.

- Verás…llevo tiempo queriendo decírtelo, quiero que nos casemos y nos vayamos lejos, solos tú y yo- respondió Galo.

- No hablarás en serio, ¿no?

- Nunca he hablado tan en serio. ¿Recuerdas cuando de pequeños decíamos que nos íbamos a casar? ¿Qué íbamos a tener dos hijos? ¿Que si teníamos una niña se llamaría María?- preguntó Galo acercándose a Mariglo- sé que es una locura- interrumpió Galo al posible rechazo de ella- y llámame loco si quieres, pero te necesito. No sabes cuánto me he acordado de ti, cuántas veces he leído aquellas cartas, cuántas veces he venido aquí recordándote. Y ahora te vas mañana y yo, no sé cuándo volveré a verte, cuando voy a tenerte así de cerca otra vez- dijo Galo acariciando los labios de Mariglo- dime que no me necesitas, que no te mueres por dentro cuando me ves, que no tienes ganas de besarme, que no te vendrías conmigo a cualquier parte del mundo.

Mariglo miró fijamente a Galo entendiendo perfectamente de lo que estaba hablando. El aire se hizo presente, cosa que hizo que el pelo le tapara la cara a Mariglo. Se lo apartó con suavidad sin dejar de mirar a Galo.

- ¿Sabes?- dijo ella poniendo su mano en el pecho de Galo- hace ya mucho tiempo que dejé de sentir eso. Y ahora he entendido que no puedo volver el tiempo atrás. Nunca podré sentir otra vez lo que sentía por ti- susurró bajando la mirada y poniendo su mano en la barriga.

- ¿Para ti no fue especial?- preguntó Galo extrañado.

- Tal vez no lo fue tanto, éramos pequeños- respondió Mariglo restándole importancia al asunto- yo tengo mi vida en Barcelona.

- Podemos ir a vivir allí si quieres.

- Galo, por favor, piénsalo un poco.

- ¿No entiendes que no tengo nada que pensar? ¡Que te quiero, que quiero casarme contigo!- gritó Galo.

- No…no- dijo Mariglo mirando al suelo- yo no quiero, Gonzalo. Lo siento, no puedo.

- Vale- respondió Galo- sólo espero que no te arrepientas nunca- susurró Galo sonriendo. Empezó a caminar sin mirar atrás hasta que se diluyó en la oscuridad. El aire difuminaba el espacio al mover las hojas. Mariglo se quedó mirando un rato el agua que se movía violentamente, y se marchó a su casa. Su hermano y Bruno ya habían llegado hacía un rato y estaban durmiendo.

El alboroto en su casa la despertó al día siguiente sobre las once de la mañana. Bruno ya estaba abajo pero Jaime abrió la puerta de su habitación a la vez que lo hizo Mariglo.

- ¿Qué pasa?- preguntó Jaime aún medio dormido.

Bajaron corriendo sin tropezarse por las escaleras y al llegar abajo vieron en la cocina a muchísima gente brindando con copas. Allí estaban sus padres, Bruno, sus tíos, Elisabeth y los vecinos de en frente.

- ¡Que tenemos boda!- gritaba su padre alzando una copa. Jaime miró a Mariglo desconcertado y se apartó al ver llegar a Elisabeth. Mariglo la miró intentando buscar alguna excusa para explicarle que aquello había sido una equivocación.

- Verás, te lo puedo explicar- dijo Mariglo aún medio dormida.

- ¿Explicarme el qué?- dijo Elisabeth enseñándole el anillo de su mano izquierda- ¡Que me caso!

MG XX

El tiempo se paró: miles de ojos miraban la escena anonadados y sin saber qué decir. Parecía como si le hubieran bajado el volumen a la música para ser testigos de lo que iba a pasar. Todo congelado. Ni siquiera el viento se atrevía a hacer ruido. Todo el mundo sorprendido, todos mirando. En ese momento sólo estaban ellos dos. Galo apartó a Elisabeth extrañado, pero su cara cambió al verla sonreír y se abrazaron. Mariglo miró a Jaime extrañada, tirando su copa al suelo y sentándose donde estaba él. Ella empezó a hablar de Jordi. Ni siquiera se sorprendió por la manera en que empezó el tema y ni se percató de que hablaba de él.

- Tengo muchas ganas de verle- susurró concluyendo.

Bruno, Jaime y Mariglo se fueron a dormir en seguida. Jordi se había pasado con las copas y a Mariglo se le había pasado el efecto del alcohol en un momento. Los dos días siguientes se los pasaron en la piscina los tres. Por las tardes se aficionaron a jugar a las cartas, cosa que les recordaba a cuando eran pequeños. Su madre, además, tenía la peculiaridad entonces de llevarles galletas y leche, y así lo hizo, sustituyendo la leche por café. Mariglo no supo nada de Galo. Lo vio una y otra vez entrar en casa de sus tíos pero en ningún momento se pasó por la suya. En aquel momento ella se sentía protegida. Con su hermano y Bruno sentía que podía hablar de cualquier cosa y eso le encantaba.

El lunes siguiente Jaime, Bruno y Mariglo se fueron a Madrid. Fueron a visitar a un amigo de Bruno que tenía una casa enorme. Al volver a Ocaña el viernes, decidieron hacer una fiesta de despedida: el sábado se marchaban. La madre de Mariglo le comunicó que Reyes la había ido a buscar un par de veces porque se marchaba de vacaciones a Cádiz. No se pudo despedir de ella pero le dejó el recado a su madre. Mariglo se puso un vestido que se compró en Madrid. Seguramente si lo hubiera visto en Barcelona por ese precio no se lo hubiera comprado, pero se dio el gusto por estar de vacaciones. Era rosa. Con mucho escote y muy corto. Se atrevió a ponérselo con el pelo recogido y se calzó unos zapatos blancos de Prada que se había comprado por recomendación de Bruno.

- ¡Qué zapatos tan bonitos!- exclamó Bruno con una gran sonrisa.

- La verdad es que sí- respondió Mariglo orgullosa- y son comodísimos.

Cenaron y se fueron a la fiesta. Habían comprado mucho alcohol. Allí estaba Galo junto a Elisabeth. Los dos sentados en una roca y conversando. Jaime en seguida se hizo con la roca más alta y se subió encima a bailar. Bruno le miraba admirado y empezaba a notar los primeros efectos del alcohol. Mariglo hablaba con unos y con otros, recordando viejas hazañas y buenos momentos.

- ¿Puedo hablar contigo un segundo?- dijo Galo interfiriendo en una conversación.

- Sí, claro- respondió Mariglo borrando la sonrisa de su boca- ¿qué quieres?- preguntó cuando ya se habían alejado de la gente.

- Verás…he estado escuchando que hablabais de la noche de San Juan. Cuando fuimos todos a la montaña y bebimos tanto…y sólo teníamos doce años- dijo Galo mientras seguía caminando- ese día fue cuando nos dimos nuestro primer beso- Mariglo no reaccióno, no dijo nada, simplemente siguió caminando como si ni siquiera le hubiera escuchado. Galo decidió cambiar de tema. Recordaron muy buenos momentos juntos hasta que llegaron a Fuente Grande

- Gloria…

- ¿Gloria? ¿Desde cuándo me llamas Gloria?- gritó Mariglo asombrada.

- Necesito preguntarte algo, es algo serio. No quiero que te lo tomes a broma, ni que me contestes ahora, puedo esperar hasta mañana- dijo Galo con sus ojos cristalinos fijados en los de ella. Mariglo se paró en seco y bebió de su vaso.

- Te escucho- dijo arrojando el vaso al suelo.

- Gloria, ¿te quieres casar conmigo?

MG XIX

Ellas se miraron asustadas e intentando buscar alguna plan para percibirlo.

- No puede ser gay- susurraron las dos a la vez mirando al suelo.

Volvieron a la mesa y la cena transcurrió de lo más normal. Su tía había hecho pollo con arroz y su madre había preparado tacos de un queso que sus vecinos le habían traído de París. Se arreglaron para la fiesta y se encontraron todos en la Plaza Mayor. El número de personas era mucho mayor al de la semana anterior: los primos de Jose Miguel habían venido de Granada a pasar unos días a Ocaña y ya estaban borrachos y cantando con esa alegría que les caracteriza.

- Si no empiezas tú, empiezo yo- susurró Elisabeth al oído de Mariglo. Elisabeth se había soltado el pelo y se había puesto un vestido blanco por encima de las rodillas y un escote que no dejaba mucho a la imaginación.

- Yo necesito un par de copas para esto- dijo Mariglo sin apenas mirarla- y tú podrías haberte tapado un poco, te vas a resfriar- dio unos cuantos pasos más y arrimó su vaso a las manos de Bruno que estaba llenando el suyo de calimocho.

- Gracias- dijo Mariglo sonriendo y bebiendo- y… ¿cómo os conocisteis mi hermano y tú?

- Bueno, nos conocimos en Barcelona. Yo soy de allí, mis padres siguen viviendo allí, de hecho- Mariglo le miraba expectante- y bueno, nos aburrimos de aquello y decidimos unirnos y abrir un bar en Madrid.

- ¡Así que tú fuiste el culpable!- bromeó Mariglo sonriendo. Estuvieron un buen rato hablando hasta que Jaime les interrumpió.

- Vale ya de hablar, ¿no? Vamos a bailar- dijo Jaime mientras movía la cintura de un lado a otro. Rieron y bailaron ridículamente hasta que llego Galo. Se miraron sin decirse nada hasta que Mariglo fue a rellenar su vaso.

- ¿Cómo va eso?- dijo Galo sirviendo a Mariglo y sonriendo como si no hubiera pasado nada.

- ¿Qué es lo que quieres?- dijo Mariglo desconcertada y mirando su vaso.

- Yo tengo muy claro lo que quiero- respondió Galo- te quiero a ti- susurró mientras bebía- estoy esperando a que me digas qué es lo que quieres tú. Para mí no ha pasado el tiempo, cuando te vi, volví a ser un crío y siento que no he dejado de comportarme como tal desde que volviste. He estado toda la semana esperando alguna reacción y al no tenerla, y saber que tú puedes vivir sin mí me desespera.

- No…no sé qué decirte, Galo- susurró Mariglo desconcertada y con los ojos cristalinos.

- Ya lo sé, por eso no te he preguntado nada, ni siquiera te he pedido nada. Cuando lo sepas, ya sabes dónde buscarme. Sólo espero que no sea demasiado tarde- dijo levantando su vaso y marchándose. Vino Bruno. La miró sonriendo y la invitó a tomarse otro vaso. En ese momento Elisabeth se acercó a Galo. Ella no dejaba de tocarse el pelo intentando llamar su atención. Se escuchaba su risa desde la otra punta de la plaza.

- ¿A tu prima le gustan todos?- preguntó Bruno. Mariglo la miró sorprendida- ¡Ah! Perdón. No quería decir…

- No, si tienes razón- interrumpió Mariglo entre risas- supongo que las nuevas generaciones nos llevan años de ventaja- dijo con melancolía.

En ese momento Elisabeth besó a Galo. Mariglo soltó el vaso que cayó al suelo y suspiró sin poder soltar el aire.

- ¡WOW!- gritó Bruno. Y Mariglo respiró.

MG XVIII

Su madre le había preparado un zumo de naranja como el que le preparaba cuando era pequeña. El pan estaba en la tostadora, podía olerlo desde donde estaba.

- Bueno, he pensado que tal vez querrías ir a la piscina. Hace buen día, y hasta las tres no tengo que ir a trabajar- dijo Reyes pegándole un bocado a su tostada. Llevaba un bañador de flores rojas y blancas y una camiseta de tirantes blanca. Tenía la toalla apoyada en el respaldo de la silla y lucía unas zapatillas también rojas. Sus padres sonreían y a Mariglo le sorprendía la naturalidad con que estaban llevando la situación. Ella se sentó poniendo su mejor cara.

- No hacía falta que vinieras, ya nos hubiéramos visto allí.

Al llegar a la piscina vio Galo tumbado en una hamaca al lado derecho de la piscina. El sol daba a conciencia y por el color de sus mejillas debía de llevar una hora por lo menos expuesto allí tumbado.

- Buenos días, tío- dijo Reyes dejando caer la toalla en la cara de Galo. Él se quitó la toalla con calma y al incorporarse vio a Mariglo.

- Buenos días, pareja. Justo me iba a ir ya, llevo una hora tomando el sol, creo que ya me ha dado bastante- dijo levantándose y recogiendo su toalla. Miró a Mariglo decepcionado e intentando que ella no lo notara.

- Creo que tenemos una conversación pendiente- dijo Reyes quitándose la camiseta.

- ¿Sabes? Creo que voy a ir al baño- respondió ella dejando sus cosas en una hamaca. Los baños estaban fuera de la piscina, a la derecha. No le dio tiempo a que Reyes le pudiera contestar que ya estaba fuera- ¡Te estás equivocando!- gritó Mariglo desde la puerta. Galo se paró en seco, se giró y se dirigió hacia ella con cierto aire de superioridad. Galo la besó. Fue un beso con rabia y sentimiento.

- Aquí la única que se equivoca eres tú- dijo apartándola y marchándose. Y allí se quedó Mariglo, a quien le temblaban las piernas cada vez que veía a Galo, a quien se le enmudecía la lengua cada vez que tenía que hablar con él, a quien se le nublaba la vista cuando no le veía…Ella le siguió con la mirada hasta que giró a la derecha y entonces fue cuando se le nubló la vista. Miró a un lado y a otro intentando saber qué significaba aquello y sin encontrar la respuesta.

La semana transcurrió de lo más normal. Readquirió la costumbre de ir a pasear con su madre por las mañanas, comer y ver con ella la tele. Alguna que otra tarde Elisabeth las había acompañado. Mariglo no supo nada de Galo en toda la semana desde que se besaron, no se habían visto, ni se habían ido a buscar. Reyes había ido en algún momento a buscarla pero las cosas ya quedaron claras: no podían ser más que amigos. Aquel viernes llegó Jaime de Madrid. Le habían cerrado el local por encontrar drogas. Vino acompañado y con un par de maletas enormes.

- Os presento a Bruno, mi compañero de piso en Madrid- dijo Jaime- nos iremos a vivir a Barcelona- Bruno era un chico guapísimo. Tenía el pelo rubio un poco largo, sus ojos eran pequeños y azules y, aunque tenía veintinueve años, no asomaba por su barba ningún rastro de vello, su piel era tersa y suave y tenía las manos grandes.

- Encantado- dijo Bruno con una sonrisa encantadora. Su familia se quedó admirada al ver a un chico tan apuesto. Incluso su padre se quedó sin palabras.

- Esta noche hay una fiesta- gritó exaltada Mariglo mirando a Bruno- podríamos ir. Cenaron todos juntos: sus padres, sus tíos, Jaime, Bruno, Mariglo y Elisabeth. Ésta no dejaba de mirarle sin ni siquiera probar bocado. Mariglo, al darse cuenta la obligó a ir al baño con ella.

- Ni lo sueñes- susurró Mariglo cerrando la puerta- yo lo vi primero.

- ¿Qué? Estarás de broma. Hacía tiempo que no veía a un chico tan guapo. Además, me iría bien para darle celos a Gonzalo- respondió Elisabeth tocándose el pelo.

- Está bien- dijo Mariglo- hagamos un trato. Lo intento yo primero, y si fallo lo intentas tú- abrió la puerta y salió sin dejarla hablar.

- ¿Y si es gay?- gritó Elisabeth desde el baño.

MG XVII

- Pues que quizá esto sería hacer las cosas demasiado difíciles – respondió Galo alejándose lentamente de Mariglo. Ella se quedó desconcertada y miró al suelo avergonzada sin saber qué decir- ¿hasta cuándo te vas a quedar aquí?

- Me quedaré un par de semanas.

- ¿Es lo que tienes planeado?- preguntó Galo creyendo conocer a Mariglo.

- Aunque no lo creas, me vine sin avisar a mi jefe y sin pedir permiso a nadie- respondió ella orgullosa de su extraño comportamiento. Él la miró desconcertado, con la sensación de no conocerla- Las cosas cambian ¿no?

- Supongo que sí. Igualmente tengo esta semana de fiesta, así que podemos pasarla juntos, si quieres.

- ¿Y eso sería hacer las cosas fáciles?- dijo Mariglo sonriendo.

- Bueno, sería hacer las cosas de alguna manera, que es mejor que no hacer nada- susurró Galo sonriendo- nos conocemos desde hace bastante tiempo, no veo por qué no podemos ser amigos.
Se abrazaron. Mariglo recordó su colonia: ese olor dulce que tantas cosas le hacía recordar. Entre sus brazos sentía que el tiempo no había pasado, que tenía diecisiete años, y que su mayor preocupación era aprobar cálculo mental.

- Se está haciendo de día- dijo ella apartándose de Galo- ¿vas a oler toda la vida igual?

- También hay cosas que nunca cambian- dijo él sonriendo. La acompañó hasta su casa. Ella volvió a tener diecisiete años. Miraba al suelo pensando en las veces que sus pies habían hecho el mismo recorrido junto a Galo. Sonreía al recordar momentos vividos con él y se arrepentía de no haber vuelto antes.

- Bueno, ha sido un placer- dijo Galo frente a la puerta de la casa de Mariglo- seguramente mañana me pase por la piscina. ¿Nos vemos allí?

Mariglo asintió y entro en su casa. Miró el reloj: las ocho y media de la mañana. Se abrazó y tocó su mejilla con su hombro para oler la colonia de Galo. Se quitó la chaqueta y fue oliéndola hasta llegar a su habitación.

- Eres consciente de que ya no tienes dieciocho años, ¿no?- dijo Jaime que se había despertado para irse a Madrid y la observaba subir las escaleras con cierto aire de felicidad.

- Estoy de vacaciones- dijo ella- déjame ser lo que quiera ser al menos por una semana- susurró apoyándose en el marco de la puerta y oliendo la chaqueta con cara de felicidad.

- Esto no puede acabar bien. Apuesto a que antes de que vuelva ya has llorado- dijo Jaime entrando en su habitación y cerrando su maleta- las cosas han cambiado, Glo, acéptalo.

- Me voy a dormir, anda- dijo cerrando la puerta de su habitación y metiéndose en la cama. Su padre la despertó a las once.

- ¿Piensas seguir durmiendo con el día que hacer?- dijo su padre desde los pies de su cama.

- Ehh…ah…¿qué hora es?- respondió Mariglo despertándose y estirándose.

- Son las once de la mañana- dijo su padre levantándose y abriendo las cortinas se su habitación- te esperamos para desayunar. Por cierto, ha venido alguien a buscarte.

Mariglo se levantó sobresaltada de la cama, abrió su maleta y se puso el bikini. Se vistió, se aseó, se peinó y bajó a desayunar. No podía creer que Galo la hubiera ido a buscar a su casa como cuando eran pequeños. Pero para su sorpresa, en la mesa de la cocina no estaba Galo, sino Reyes.

- ¿Qué haces tú aquí?- preguntó Mariglo asombrada desde la puerta.

MG XVI

- Vuelve a hacerlo- susurró Mariglo. Reyes volvió a besarla y Mariglo intentó imaginar la cara de Galo viendo aquella escena. Al retirarse Mariglo de los labios de Reyes y mirar hacia la montaña pudo ver como Galo ya no estaba. Ella miró a Reyes pensando en que aquel beso había sido un error y se marchó sin decirle nada. Reyes la siguió.

- ¿Qué es lo que pasa? Me has dicho tú que lo hiciera- dijo Reyes cogiendo del brazo a Mariglo. Ella suspiró intentando inventar aquellas palabras que no conseguía encontrar.

- Mira. Hemos bebido demasiado. Esto no debería haber ocurrido- susurró Mariglo intentándole quitar importancia a la situación.

- Pero, no lo entiendes. Yo llevo esperando este momento mucho tiempo. Yo…yo creo que te quiero- dijo Reyes mirando a Mariglo directamente a los ojos. A ella, en ese momento le entraron ganas de reír, pero lo evitó mirando al suelo por respeto.

- ¡No no!- gritó ella- tú estás confundido. Sólo tienes veintidós años…- susurró Mariglo intentando tranquilizar a Reyes.

- Tengo veintidós años y no he estado más seguro de algo en mi vida- respondió Reyes con lágrimas en los ojos. Mariglo en aquel momento se asustó. Tragó saliva y miró a un lado y a otro.

- Tengo novio- logró decir intentando escapar de la mirada fija de Reyes.

- ¿Qué?- preguntó Reyes extrañado.

- Mira. Hemos bebido, estamos cansados. Si te apetece hablamos mañana, ¿vale?- respondió Mariglo arrepintiéndose de lo que le había dicho a Reyes e intentando huir de esa situación. Reyes asintió y se sentó en una piedra- me voy, ¿nos vemos mañana?- él sonrió lo más serenamente que pudo y despidió a Mariglo con la mano abierta.

Salió del bosque pensando en qué le diría a Reyes al día siguiente y pensando en Galo. Miró su reloj: las tres de la mañana. Aún era pronto y no tenía sueño: al parecer tenía demasiadas cosas en las que pensar. Fue a parar a Fuente Grande, como siempre y allí se sentó en una roca a pensar. Cogió dos rocas, intentando simular a Jordi y a Galo e intentando, vagamente, poner su cabeza en orden. “Han venido a desordenarme la vida” pensó. Escuchó voces a lo lejos. Entre las rocas más altas de la fuente había un hueco en donde Mariglo se escondió.

- Pero yo te quiero- decía Elisabeth entre sollozos- no puedes dejarme así. Dime qué es lo que he hecho mal. Puedo cambiar- decía ella cada vez más cerca de donde estaba Mariglo.

- Eli, cariño, yo no quiero que cambies por mí. Simplemente te estoy diciendo que quiero poner en orden mis pensamientos y quiero saber cuáles son mis prioridades- decía Galo exculpándose.

- ¿Quieres que nos vayamos a vivir juntos?- preguntó Elisabeth- o podemos hacer un viaje mejor. Yo…yo tengo claras mis prioridades, por favor…

- Eli, necesito estar solo- dijo Galo apartando de sus hombros las manos de Elisabeth. Galo vio a Mariglo- te prometo ir a buscarte mañana y hablar. Pero ahora necesito pensar.

- Pero ¿es que ya no me quieres?- preguntó Elisabeth desesperada.

- Claro que te quiero, pequeña- dijo Galo mirando hacia donde estaba Mariglo- simplemente necesito pensar, eso es todo.

Galo besó la frente de Elisabeth para despedirla. Ella se fue sollozando y sin dejar de mirarle un solo momento. Galo se acercó cabizbajo a las rocas y con las manos en los bolsillos.

- ¿Te has divertido?- preguntó cogiendo una piedra y lanzándola a la fuente.

- Yo…yo no quería escucharlo- se disculpó Mariglo saliendo de las rocas- he venido aquí porque necesitaba un respiro, necesitaba desconectar de todo lo que me envolvía y parece que está siendo más difícil de lo que pensaba- dijo mirando fijamente el agua e intentando buscar una excusa a su vuelta repentina.

- A lo mejor es porque tú lo haces más difícil de lo que es. La vida es fácil, Glo, nosotros la hacemos difícil.

- Estoy de acuerdo. Pero quizá sería muy aburrida si fuera fácil, ¿no?- respondió Mariglo entre risas. Galo sonrió. Ella no recordaba que su sonrisa fuera tan bonita. Él miraba el agua, y ella le miraba a él. Se quedó embobada sin darse cuenta y cuando él la miró, ella se sonrojó y apartó la mirada.

- Quizá no deberíamos hacer las cosas tan difíciles, ¿no?- dijo Galo mirando a Mariglo.

- ¿A qué te refieres?- preguntó Mariglo sabiendo perfectamente la respuesta y arrepintiéndose por haberlo preguntado.

- ¿A qué me puedo referir?- preguntó Galo acercándose a Mariglo.

- Dímelo tú- respondió ella mirándole a los labios y acercándose cada vez más a ellos.

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