Galo puso una rodilla en el suelo y siguió con los ojos fijados en los suyos. Los ojos de ella se empezaron a llenar de lágrimas y empezó a tener calor: empezó por la nuca y acabó en el pecho. El temblor, en cambio, empezó por las rodillas y acabó en sus manos, que se volvieron frías e inestables. Empezó a parpadear más de lo normal intentando articular palabras pero sin encontrar la voz. Galo metió su mano en el bolsillo derecho del pantalón y antes de que lograra sacar nada Mariglo logró reaccionar.
- ¿Qué?- preguntó levantando a Galo del suelo.
- Verás…llevo tiempo queriendo decírtelo, quiero que nos casemos y nos vayamos lejos, solos tú y yo- respondió Galo.
- No hablarás en serio, ¿no?
- Nunca he hablado tan en serio. ¿Recuerdas cuando de pequeños decíamos que nos íbamos a casar? ¿Qué íbamos a tener dos hijos? ¿Que si teníamos una niña se llamaría María?- preguntó Galo acercándose a Mariglo- sé que es una locura- interrumpió Galo al posible rechazo de ella- y llámame loco si quieres, pero te necesito. No sabes cuánto me he acordado de ti, cuántas veces he leído aquellas cartas, cuántas veces he venido aquí recordándote. Y ahora te vas mañana y yo, no sé cuándo volveré a verte, cuando voy a tenerte así de cerca otra vez- dijo Galo acariciando los labios de Mariglo- dime que no me necesitas, que no te mueres por dentro cuando me ves, que no tienes ganas de besarme, que no te vendrías conmigo a cualquier parte del mundo.
Mariglo miró fijamente a Galo entendiendo perfectamente de lo que estaba hablando. El aire se hizo presente, cosa que hizo que el pelo le tapara la cara a Mariglo. Se lo apartó con suavidad sin dejar de mirar a Galo.
- ¿Sabes?- dijo ella poniendo su mano en el pecho de Galo- hace ya mucho tiempo que dejé de sentir eso. Y ahora he entendido que no puedo volver el tiempo atrás. Nunca podré sentir otra vez lo que sentía por ti- susurró bajando la mirada y poniendo su mano en la barriga.
- ¿Para ti no fue especial?- preguntó Galo extrañado.
- Tal vez no lo fue tanto, éramos pequeños- respondió Mariglo restándole importancia al asunto- yo tengo mi vida en Barcelona.
- Podemos ir a vivir allí si quieres.
- Galo, por favor, piénsalo un poco.
- ¿No entiendes que no tengo nada que pensar? ¡Que te quiero, que quiero casarme contigo!- gritó Galo.
- No…no- dijo Mariglo mirando al suelo- yo no quiero, Gonzalo. Lo siento, no puedo.
- Vale- respondió Galo- sólo espero que no te arrepientas nunca- susurró Galo sonriendo. Empezó a caminar sin mirar atrás hasta que se diluyó en la oscuridad. El aire difuminaba el espacio al mover las hojas. Mariglo se quedó mirando un rato el agua que se movía violentamente, y se marchó a su casa. Su hermano y Bruno ya habían llegado hacía un rato y estaban durmiendo.
El alboroto en su casa la despertó al día siguiente sobre las once de la mañana. Bruno ya estaba abajo pero Jaime abrió la puerta de su habitación a la vez que lo hizo Mariglo.
- ¿Qué pasa?- preguntó Jaime aún medio dormido.
Bajaron corriendo sin tropezarse por las escaleras y al llegar abajo vieron en la cocina a muchísima gente brindando con copas. Allí estaban sus padres, Bruno, sus tíos, Elisabeth y los vecinos de en frente.
- ¡Que tenemos boda!- gritaba su padre alzando una copa. Jaime miró a Mariglo desconcertado y se apartó al ver llegar a Elisabeth. Mariglo la miró intentando buscar alguna excusa para explicarle que aquello había sido una equivocación.
- Verás, te lo puedo explicar- dijo Mariglo aún medio dormida.
- ¿Explicarme el qué?- dijo Elisabeth enseñándole el anillo de su mano izquierda- ¡Que me caso!
![peaton-y-silla-de-ruedas[1] peaton-y-silla-de-ruedas[1]](http://negrustica.files.wordpress.com/2009/10/peaton-y-silla-de-ruedas1.jpg?w=499&h=160)