Cuando compramos el piso, mi madre tuvo la maravillosa idea de comprar una de esas cosas hechas de madera que se cuelgan en el techo y hacen ruido cuando se levanta aire. Según ella, nos avisaría cuando algo importante fuera a pasar; para mí, era una tontería más para hacer bonito. En nueve años no había sonado ni un trozo de madera; extraño, sí, pero cierto. El caso es que el techo era demasiado alto para que el aire pudiera pasar y mover las piezas.
Entonces, extrañamente, empezaron a sonar. Ni recordaba que aquello estuviera allí puesto. No pensaba que anunciaran algo, pero no hacía aire y me extrañé. No paraban de sonar con muchísima fuerza como si quisieran que algo que estaba a punto de suceder, no sucediera. Yo miré los trozos de madera con cara de circunstancia y me pregunté cuál sería el error que no querían que cometiera.
No obstante, no le di demasiada importancia y seguí haciendo lo que hacía hasta entonces: ver “Un paseo para recordar”. Mientras la veía pensaba en lo bonito que sería que tú me ayudaras a cumplir todos mis sueños, lo feliz que sería si estuvieras a mi lado simplemente porque me amaras.
Sí. Esa era la señal. La señal de que sin querer, me había enamorado.
“Un paseo para recordar”

Un paseo para recordar es de esas películas que jamás tienes que ver si no quieres que las maderas suenen hasta desgastarse.
No estaba porque estaba en Valencia amando a Manolo García. Ay, cuánto amor y desamor traigo. ¿Cuándo nos vemos?
Un besorrrrrrr.
Me gusta mucho esta foto, y el texto también.
Ya hablaremos pronto para quedar. Un abrazo!
me encantooo estaa peliculaa y mas por su buen mensajee
…