Morderse la lengua


Mi abuelo siempre me ha dicho que cuando te muerdes la lengua es porque ibas a decir algo que no deberías. Es como un aviso, como no puedes quedarte muda por unos instantes, una fuerza mayor hace que te muerdas para no poder seguir hablando. Lo extraño, es que me he dado cuenta de que cuando yo me muerdo ni estoy hablando ni pretendo hablar. Es curioso pero es cierto. Tal vez me pase a mí lo contrario. Tal vez me muerda la lengua cuando deba decir lo que no digo por miedo. Ayer, por ejemplo, se me pasó por la cabeza decirle que estaba muy a gusto a su lado y me mordí. La verdad es que es extraño. Lo que me pasa con él, digo. Siempre he sabido lo que iba a pasar o lo que no iba a pasar en mis relaciones. Lo que pensaba o lo que no pensaba él. Recuerdo que cuando empecé mi última relación, sabía que iba a acabar mal, y así fue. Siempre he sido de esas personas que saben cómo va a reaccionar la otra. Siempre. Porque he intentado alejarme de aquéllas que nunca sabrás cómo son realmente. Me asusta la gente que no se muestra tal como es, que aparenta ser una cosa y es todo lo contrario. Me desconciertan. Él está en un punto intermedio, por eso me aterra a la vez que me atrae. A veces pienso en actuar de una manera determinada para que él actúe de otra que yo espero, y aparece con algo completamente distinto a lo que yo había pensado. Esto es, por ejemplo, no hablarle en una semana para que él me llame si quiere saber algo de mí, y en lugar de llamarme para ver si me pasa algo venir a buscarme a la salida del trabajo para irnos juntos a cenar. A él le gusta darme un poco para que yo le pida el resto y a mí curiosamente me pasa lo mismo. Siempre me ha pasado. Siempre he tenido que decirle a los demás que no se enamoraran y en este caso me lo repito a mí misma muchas veces. Siempre he controlado mis sentimientos. Bueno, miento. Siempre no. Pero la mayoría de las veces sí. Pero he aprendido a morderme la lengua cuando los sentimientos fluyen más de lo normal. Y sí, no sé lo que él piensa ni cómo va a actuar, pero sé cómo pienso, y cómo actúo yo. Y sé que en cuanto tenga que morderme la lengua para no decirle ‘te quiero’ todo acabará.

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