Gloria era su nombre completo, aunque su madre y sus amigas la llamaban Glo. Su padre, de una manera cariñosa, la llamaba Glori y sólo en su trabajo la llamaban Gloria. Aunque a ella siempre le había gustado el nombre de Mariglo, y tenía claro que si en algún momento llegara a ser famosa, se lo cambiaría. Mariglo se dio cuenta de que no le había cambiado la letra cuando, antes de defender a un cliente, leyó en su hoja la palabra ‘coartada’ casi inentendible. Casi había entrado en los treinta y seguía diciendo que tenía la letra de una niña de doce años. Recordó cuando de pequeña su profesora no entendía su letra en los exámenes y la suspendía por ello. Tenía la peculiaridad de hacer las erres en mayúsculas, cosa que le daba cierta personalidad a las palabras. Mariglo tenía la facultad de planearlo todo. Por ello, no salía de casa sin su agenda y un bolígrafo amarillo que le regaló su tía. Se lo regaló las Navidades pasadas y aún tenía tinta, a veces pensaba que no se acabaría nunca. Le gustaba dibujar un caramelo en su agenda a la hora de comer e utilizaba dos horas para ello. Luego, se dejaba una hora para ir a mirar ropa. Ella era una fanática del orden y de la rutina. Para cualquier persona la rutina era aburrida, pero para ella la rutina era un regalo. No le gustaban las cosas fuera de lo normal y todo aquello que la desestabilizara la dejaba trastornada. Disfrutaba escribiendo cosas en su agenda y se sentía realizada cuando, con una raya, marcaba que la tarea ya estaba realizada. Aquella noche al llegar a su casa, como de costumbre, se quitó los zapatos en la puerta y caminó descalza hacia su habitación con los zapatos en la mano. Fue soltándose el pelo hasta que abrió el grifo de la bañera. Fue a poner música y se bañó cantando ‘Have yourself a merry Little Christmas’ de Judy Garland. Le encantaba escuchar esa canción mientras se daba un baño relajante. Le encantaba imitar esa dulce voz que en ocasiones la hacía llorar. Su madre se la cantaba cuando era pequeña antes de irse a dormir y escucharla la hacía relajarse muchísimo. Al salir de la ducha Mariglo se puso su albornoz, abrió las puertas del armario y se sentó en la cama. Empezó a pensar en la ropa que se pondría al día siguiente y tras elegirla hizo la cena. Miró en el calendario de la dietista: dos piezas de fruta y un yogurt; el calendario estaba enganchado con un imán que le trajeron sus padres de un viaje a Menorca. Saco dos peras de la nevera y un yogurt natural, se sentó en el sofá y, viendo la tele, cenó. A las diez y media apagó la tele y se puso a leer en la cama hasta las once. Releía Los muertos de Joyce por tercera vez. Releía las frases una y otra vez con el fin de que no acabara. Un amigo se lo recomendó estando en la facultad y desde entonces es un libro que la acompaña siempre. Durmió hasta las siete y media. Hora en la que sonó el despertador que le advertía un nuevo día, un día igual que los demás.
MG I
Junio 14, 2009 de fitipaldaaaa
Escrito en Mariglo | Etiquetado planear, rutina | Aún no hay comentarios
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A BIG OLD PRESENT
Érase una vez una pequeña princesa en un jardín sin flores, miró a su alrededor pero es que no encontraba opciones, qué hacer si en sus oidos no había melodías ni canciones. Sé que mejores momentos has vivido que en estos días, pero qué tiene sentido si la luz del día nace en tu sonrisa. Quiero verte sonreír, deja volar tus sueños y no vuelvas a mirar atrás porque tus alas son para volar. No vuelvas a llorar pequeña, déjame pensar que en tu ausencia no sé por quién me dejaría guiar. La pulsera que me regalaste me acompaña en mi caminar. No te dejaré pensar que estás sola porque nunca estarás sola mientras yo este ahí, mientras puedas compartir tus alegrías i tristezas conmigo. Puedo ser tu desconocido cuando lo necesites y cuando lo necesites estaré ahí porque soy cautivo, cautivo de tu virtud, de hacerme sonreír, porque fuiste el elixir para heridas en difíciles momentos. La musa por la que hoy entrego mi puño y letra a este cuento, la musa por la que dejaré de soñar con estrellas del firmamento.
I es que, princesa, nunca más dejaré que mueran las flores de tu jardín, y si mueren volveré a plantarlas para que vuelvan a crecer, para que vuelva a brillar tu sonrisa como el primer rayo del amanecer, para que vuelvas a escuchar melodías i canciones como por primera vez. Apiádate de quien quiso escribir que siempre te quiere ver feliz. Se puede exisitr siendo alguien sin llegar a saber quién, pero tú eres alguien y eso no hay quien lo niegue, tu nombre es melodía, tu nombre…Irene…//
Cristian Jiménez
30 julio 2007CONTACTO
negrustica@hotmail.com