Como era de costumbre al llegar a casa, se quitó los zapatos en la puerta y caminó descalza con ellos en la mano hacia su habitación. Volvió a poner ‘Have yourself a merry Little Christmas’ y se bañó. Estuvo relajándose hasta que, sorprendentemente, llamaron a la puerta. Era su amiga Cleo. Cleo era modelo y había llegado pronto. Tenía el pelo largo, rubio y sus ojos eran grandes y azules. Mucha gente pensaba que no era española. Era alta y delgada. Sus piernas eran finas y largas, por lo que le encantaba llevar minifaldas. Gracias a ella, Mariglo había asistido a las mejores fiestas de su ciudad. Mariglo salió a recibirla con un albornoz rosa. Sabía que era Cleo porque tenía una manera peculiar de llamar al timbre: llamaba dos veces, la primera era rápida y la segunda más larga. Se alegró mucho al verla aunque sólo hacía cuatro días que la había visto. Allí estaba Cleo, igual de guapa y alegre que siempre. Mariglo se vistió y se preparó la ropa para el día siguiente. Entonces llegó Flavia. Flavia estaba metida en la política. Procuraba no ir a las fiestas por miedo a salir en la prensa. Flavia también era rubia pero más bajita. Sus ojos eran de un tono acaramelado que dejaba embelesado a cualquiera.
Fueron a la terraza de Mariglo. En su terraza, donde tendía la ropa del revés con el fin de que no se le fuera el color con el sol, tenía una tumbona de madera con una colchoneta de flores rosas y lilas. Al lado tenía una mesita en la que normalmente dejaba un libro y una botella de agua. También tenía una mesa de cristal con cuatro sillas acolchadas y enfundadas en un color blanco roto precioso. Allí pasaban las tardes de los miércoles, con sus cervezas sobre sus respectivos posavasos. Las conversaciones no acababan nunca y el saber que nadie las estaba escuchando hacía que la comodidad y la sinceridad se acrecentaran en verano.
- ¿Algo nuevo?- dijo Flavia mientras se quitaba la chaqueta.
- Pues sí- dijeron Mariglo y Cleo a la vez.
- Empieza tú- dispuso Mariglo con una sonrisa en la boca.
- No, no. Empieza tú, Glo- dijo bebiendo un trago de su cerveza.
- Bueno, es una tontería- las dos amigas la escuchaban admiradas e interesadas por lo que tenía que decir- Hay un chico en el bufete, seguramente que os haya hablado de él. Se llama Jordi fuimos a la facultad juntos…
- ¡No me digas más!- dijo Flavia pegando un manotazo en la mesa- ¿Te lo has tirado?
- ¡No!- exclamó Mariglo avergonzada- Simplemente me ha invitado a comer mañana- dijo sonriendo.
- ¿Y vas a ir?- dijo Cleo sin dejar de mirarla a los ojos.
- Pues supongo que sí que iré, es un amigo ¿no? Además llevamos un caso juntos- dijo Mariglo exculpándose.
- Glo, cariño, ve a comer y con él, y si la cosa se alarga…pues tira tu agenda por el retrete- dijo Flavia. Rieron las tres. Mariglo también rió aunque veía imposible eso de tirar su agenda.
- Bueno, pues ya nos llamarás mañana para ver cómo ha ido- dijo Cleo- Ahora me toca a mí. No os lo vais a creer- se puso de pie mientras alzaba su cerveza con una sonrisa resplandeciente. Mariglo y Flavia no entendían su felicidad.
- Suéltalo ya- dijo Flavia intrigada.
- ¡Que me caso!- dijo Cleo emocionada- ¿No es perfecto?
Yo sí que me voy a casar, contigo me voy a casar.
Qué vida la de Mariglo…
Ah sí? La primera noticia que tengo, churri. Pensaba que tú te casarías con Quim.