Debe ser doloroso escuchar cómo tu corazón se rompe en pedazos. Como, poco a poco, van cayendo los trozos por el suelo sin poder hacer nada para remediarlo. Dicen que se rompe bruscamente y que, cuando eso ocurre, las pequeñas decepciones van haciendo que el órgano se desmorone hasta llegar a no sentir nada. Dicen que no es un dolor físico, pero no puedes dejar de llorar porque el cuerpo te pesa el doble. Yo me la he imaginado siempre como una caja llena de recuerdos y de sentimientos que te ayudan a tener la esperanza de que los días sean mejores.
Supongo que cuando esa cajita de momentos se rompe en pedazos todo eso que has guardado se esfuma y todo aquello que te hacía seguir adelante ya no está, frenas en seco y piensas si ha merecido la pena caminar descalzo hasta aquí. Caminar descalzo cuando a tu lado caminaban con zapatos de plomo. Cuando tú le habías dicho mil veces que se descalzara, que tú la ayudarías a caminar por la acera de los sentimientos. Y tú allí solo, miras tus pies llenos de heridas que quizá nunca se curen al haber caminado por aquel desierto emocional del que no consigues salir, dejando tu suerte en manos del viento. Los han pisado, los han mordido, los han mojado, los han quemado y están llenos de sangre, y aún y así ellos no se han quejado, ya que a ti no te dolían porque estabas cegado.
El silencio se adueña de tu mundo, y el aire deja de correr. En aquel silencio extranjero te encuentras a solas, sin el sur que te ha robado y con todo el norte gélido y solitario. Y allí te sientas, con el fin de desencontrarte con ella, de calzarte unos zapatos y no volver a descalzarte jamás. Allí dejas toda la confianza hatada entre las ramas de unos árboles, guardada por si algún día has de venir a buscarla. No te importa que la gente te vea triste, no te importa que te vean llorar. Solo quieres volver al mundo real y sentirte bien, ser esa persona que eras antes de conocerla, antes de hacerla parte de tu vida. Pero tienes miedo de mirarte al espejo y ver en la persona que te has convertido. Tocas tu corazón pero no te duele, no sientes dolor, es como si no tuvieras. Quizá se te rompió hace tanto tiempo que no escuchaste el ruido. Sabes que todos los trozos que se han caído llevan un nombre, te duele saberlo pero lo aceptas, y aunque sabes que nunca vas a poder recomponerlo descaminas todo lo que has conseguido caminar sobre dolor y duele más aún. Y así sigues hasta que entiendes que ir para atrás no es el camino y caminas hacia adelante calzado y seguro, dejando por el camino los pensamientos que no te dejan avanzar dejando el frío y el dolor allí, sin dueño.
Deberías poner un aviso de advertencia “puede doler”. Imposible no sentirse identificado. Enorme radiografía de una etapa dolora e inevitable.
Sí…duele tanto leerlo como escribirlo, créeme. Supongo que es algo que todo ser humano pasa en su vida, y no solo una vez..
“Allí dejas toda la confianza hatada entre las ramas de unos árboles, guardada por si algún día has de venir a buscarla”
Genial Irene!
Ferran
…por eso nunca camino sin zapatos!