Aún me sorprendo yo misma al saber que lo sigo mirando como el primer día. Que lo quiero, que no me importa decirlo, podría gritarlo si él me lo pidiera. Que mi amor crece cada día y sé que no dejará de hacerlo, que cada vez es más fuerte y cada vez pesa más. Que no hay mejor hogar que sus ojos azules, allí donde, si miras con atención, ves el paraíso. Que no hay lugar más cálido y feliz que sus brazos, allí donde nada puede salir mal, allí donde me hago grande y soñadora. Que no hay mejor melodía que su manera de hablar, juega con las palabras dándoles la tonalidad exacta para hacerme estremecer. Me embriaga ese olor a felicidad que derrocha sin quererlo. Me cuesta pasar un día sin escuchar su risa, sin escucharlo hablar, por eso necesito sentirlo cerca, saber que está aquí conmigo.
Cuida de sus plantas igual que me cuida a mí. Sé que eso lo lleva al sur, donde creció y a donde acude cuando quiere ser feliz. En breve volverá al sur, y yo me perderé sus nervios, no veré cómo le susurrará a las calles que él estuvo allí con sus amigos y hermanos, no lo veré recordar ni contar anécdotas, no lo veré mirar a su esposa y sentirse un niño feliz. Aún no se ha ido y ya envidio las calles por las que pasará, el suelo que pisará, la gente que lo mirará. En ocasiones lo miro sin que él me vea y me transmite tanta paz que no me hace falta nada más en el mundo, la gente puede sentirse afortunada por tener mucho dinero, yo me quedo escondida en una arruga de su camisa.
Él sabe mis miedos, sabe mis inquietudes, sabe mis manías, pero no le da importancia, él me quiere por cómo soy, no me juzga y eso es algo maravilloso e inexplicable. Con una anécdota para todo va caminando por la vida sin conformarse, y eso es lo que le hace tan grande, que siempre está dispuesto a aprender y, por supuesto, también a enseñar. A mí me ha enseñado a quererlo de esta manera incondicional. No es fácil enamorarse de sus manías, pero para mí sus manías son sus genialidades. Me encanta ver cómo se aburre sentado, me encanta que me mire con esos ojos de grandeza cuando me ve estudiando y que seriamente me repita una y otra vez que no tenga novio hasta que no acabe de estudiar. Y es que él sabe lo que es el amor, sabe que ocupa toda la mente y te nubla la visión. No quiere que me enamore porque en el fondo no quiere que me hagan daño. Lo que él no sabe es que yo ya estoy enamorada de él, de mi abuelo, de la mejor persona que tengo en mi vida y una de las razones por las que merece la pena seguir viviendo.