Yo sé que crees que nunca te va a llegar ese momento, pero a todos nos llega. Cuando te llega te enamoras, al principio lo niegas, pero lo acabas afirmando con la gran cara de idiota que vas mostrando al hablar de ella. Notas que cada vez sale con más frecuencia en tus conversaciones y tus amigos son los primeros en notarlo. De repente la quieres como a una chaqueta cuando tienes frío o un trozo de pan cuando tienes hambre: la necesitas. Necesitas saber de ella, saber que está bien, saber que piensa en ti. Pero tú sigues pensando que todavía no ha llegado tu momento, que aún no estás preparado. Pero es que para esto no hay que estarlo. El amor no necesita preparación, se siente, y cuando se siente en consonancia es que cuando se es feliz; cuando no, te encuentras sintiendo solo en una falsa nube que, cuando se esfuma, te hace caer bruscamente al suelo y empiezas a afirmarte una y otra vez que no vas a volver a enamorarte nunca, que ya has sufrido suficiente. Pero nunca es suficiente. Entonces empiezas a ponerte capas y prejuicios a modo de protección, renegando de cualquier muestra afectiva y pasando de ser el herido al hiriente.
“No volverán a herirme” te repites creyéndote invencible. Pero nadie lo es. Tú tampoco lo eres. Yo tampoco lo soy. Nadie es invencible pero todos somos diferentes. Siento decirte que hay una persona idónea para ti, quizá tardes más en encontrarla pero está ahí. Y te va a hacer sufrir mucho, pero también será un sufrimiento que necesitarás. Alguien que te hará mirar la vida desde otra perspectiva. Si te han hecho tanto daño que sístole y diástole están enfadadas es porque en algún momento dejaste tus miedos a un lado y decidiste sentir. No todo el mundo puede decir eso y tú tienes la capacidad de amar, siéntete bien por eso. Cuando sientas que estás intranquilo porque ella no puede sonreír dejarás de ser invencible. Entonces dirás que tenía razón, porque habrás encontrado esa sonrisa que hará titubear tu primera capa y que paulatinamente hará caer todas las demás. Esa persona que te hará sentir y que se llevará todos tus miedos para guardarlos en un cajón que no volverá a abrir jamás. Lo siento pero la encontrarás, y podrás hablar de amor sin miedo, no como algo hipotético sino como algo real, tangible y que hace vivir.