Volvió a dejar su móvil en el suelo y cogió una botella de un whisky escocés que su padre le había regalado hacía dos navidades. Puso dos hielos en un vaso y lo llenó por la mitad. Lo miró secándose las lágrimas y se lo bebió. No le ardió la garganta tanto como le ardía el corazón. Siguió llorando. Rellenó el vaso dos veces hasta que llamaron a la puerta.
- Hemos venido en cuanto hemos podido. ¿Estás bien?- dijo Cleo asustada. Mariglo no estaba acostumbrada a beber, solo unas cuantas cervezas, por lo que aquellas tres copas no le habían sentado demasiado bien.
- Tengo ganas de vomitar- dijo Mariglo dirigiéndose hacia el lavabo.
- Qué…oye, ¿dónde está Jordi?- dijo Flavia asombrándose por el desorden de la casa de Mariglo- ¿No ibais a cenar juntos esta noche?
- Me ha vuelto a dejar plantada- dijo Mariglo llorando sentada frente a la tapa del váter.
- ¿Qué? ¿Otra vez? ¿Y por qué?- dijo Cleo apartándole el pelo a su amiga.
- ¿Cómo que por qué? Está claro que está con otra, ¿no?- dijo Flavia. En ese momento Cleo cerró la puerta dejando a Flavia fuera.
- No le hagas caso, Glo cariño, seguro que tiene que haber una explicación. A lo mejor se ha puesto malo o le ha surgido un imprevisto- dijo Cleo intentando incorporar a su amiga del suelo.
- Ese tío es un cerdo. Primero se va de tu casa sin decir nada y luego queda contigo y te dice que no puede venir. Te está utilizando, ¿no lo ves?- dijo Flavia sirviéndose un vaso de whisky- lo que tienes que hacer es olvidarle. ¿No tienes dos semanas de vacaciones? Se está acabando agosto y no las has tenido aún.
- Es algo que no tengo planeado- respondió Mariglo sentándose en el sofá y apoyando la cabeza en sus manos. Miraba a sus amigas intentando encontrar la más mínima duda en ellas sobre la idea que le acababan de proponer. Pero no. Incluso Cleo miró a Mariglo dándole la razón a Flavia.
- Es algo que no tienes planeado pero que necesitas- dijo Flavia sirviendo tres copas de whisky.
- No se lo he dicho a mi jefe- respondió Mariglo intentando buscar una excusa.
- Eso déjamelo a mí- dijo Flavia dando un vaso a sus amigas- ¿entonces? Brindemos por la nueva Glo- gritó alzando su copa y sonriendo. Flavia miró a Cleo muy segura de sí misma. Cleo miró a Mariglo asintiendo y alzando su copa. Mariglo miró a sus amigas sin saber bien bien lo que estaba haciendo y, alzando su copa temblorosa, brindaron las tres juntas.
Se pusieron a mirar vuelos para Ocaña a las tres de la madrugada y encontraron uno que salía a las seis.
- No puedo hacer la maleta en dos horas ¿estáis locas?- dijo Mariglo levantándose de la silla. Pero aún y así la hizo. Ellas la ayudaron y la llevaron al aeropuerto.
- Cuídate mucho, ¿Vale?- dijo Cleo- y dale muchos recuerdos a tus padres. Te llamaremos.
Se abrazaron las tres. En ese momento sonó su teléfono: era Jordi. Mariglo miró su móvil sin creerse que él la estuviera llamando y arrepintiéndose de estar ya con la maleta en el aeropuerto. Antes de que ella pudiera decir nada, Flavia la cortó.
- ¿Sabes? Creo que el móvil deberías dejarlo aquí- dijo Flavia quitándoselo de las manos y colgando- Me lo quedaré yo, tú disfruta de tus vacaciones.
