La tercera persona del singular


Julia era una persona que se había pasado la vida escribiendo. Pero para ella, esto era lo más difícil que le habían mandado hasta ahora. Recordó entonces, cuando tenía siete años y tuvo en sus manos su primer diario. Sonrió al ver cómo intentaba hacer poemas de rima fácil hasta que se descubrió que la poesía no era lo suyo. Muchas veces ha sentido esa nostalgia de volver a tener aquellos siete benditos años, aquellos en los que el mayor problema era no saberse la tabla de multiplicar. A los ocho años empezó su primer diario serio. Quizá el más serio que haya tenido nunca. Aquel diario se lo compró su madre en una tienda de ‘todo a cien’ cuando las ‘cien’ eran ‘cien pesetas’. En la portada tenía la imagen de la Sirenita con el fondo verde, y unas estrellas llenas de purpurina con agua. En el inferior derecho de cada página estaban dibujados el pez y el cangrejo que la acompañan en la película. En la primera página, como era costumbre en Julia, escribió con letra clara y grande: Diario privado de Julia García. Como si alguien tuviera algo menos importante que hacer que leer el diario de una niña de ocho años. En sus páginas, había preguntas acompañadas de caras tristes. Preguntas que siempre la habían acompañado pero que había ido dejando de lado por no encontrar las respuestas. Los otros diarios, en cambio, estaban repletos de corazones y cada semana aparecía el nombre de algún chico nuevo. El caso es que, aún escribiendo tonterías, Julia se acostumbró a escribir. Incluso cuando no tenía tiempo le servía para despejar un poco su mente y dar de lado a sus problemas porque, aunque siempre empezara hablando de ellos, normalmente su imaginación la llevaba a otra parte, a un lugar mejor, un lugar en el que los problemas no existen. Lucía recordó entonces las cartas de amor que le escribió a David cuando tenía dieciséis años. Las buscó donde tenía guardado todo lo que tenía que ver con él.

Entonces se acordó de que había tirado todo en un arrebato por deshacerse del pasado. Aunque lo cierto es que nunca consiguió aplanar el cemento que separaba el pasado de su presente y alguna vez que otra tenía algún pie dentro sin apenas darse cuenta. Recordó aquellas cartas que tiró y visualizó las dos que tenía en la mano. Una de ellas, estaba escrita para una fecha ‘especial’. El caso es que la carta estaba escrita en tercera persona, como si así tuviera que ver menos con ella y como si los sentimientos no fuesen los suyos si no los de un personaje que se le pareciera mucho.

A Julia se le murió su padre. Buscó en todos sus diarios algo que le despertara alguna idea o algún sentimiento porque no era capaz de sentir nada. No era capaz de escribir. Juliarecordó que él había sido la persona más importante de su vida. La persona que mejor la conocía, la que hizo que su vida estuviera llena de cosas maravillosas. Él era esa persona que tenía una buena solución para todo y una sonrisa maravillosa en un día triste. Era una persona digna de querer conocer, alegre, confiada y segura de sí misma. Alegraba con sólo mirarle por la felicidad que iba desprendiendo al caminar. Al estar a su lado, se podía sentir esa humilde sensación de que la vida es fácil. Julia sabe que no encontrará a nadie igual, pero se siente realizada por haberlo conocido, pues él le demostró que hay personas que valen la pena y que hacen así que la vida lo valga también.

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 Al morir su padre, su familia le propuso que escribiera algo sobre él. Pensaron que ella era la más indicada, pero a ella no le salían las palabras. Entonces recordó aquellas cartas y empezó a escribir, empezando por el principio, como siempre: Julia era una persona que se había pasado la vida escribiendo…

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5 pensamientos en “La tercera persona del singular

  1. Lo cierto, es que me he quedado sin palabras.
    He empezado a leer, por leer, porque el texto me invitaba a hacerlo.
    Pero ha valido la pena, porque se me han puesto los pelos de punta.
    FELICIDADES.
    Sigue así, Irene.

  2. Xavi: a todos nos llega en algún momento algo así. No sé cómo lo afrontaré cuando me pase de verdad, pero tampoco quiero pensarlo.

    Gemma: Tú a mí me encantas más 🙂

  3. Me ha encantado el texto.

    “Muchas veces ha sentido esa nostalgia de volver a tener aquellos siete benditos años, aquellos en los que el mayor problema era no saberse la tabla de multiplicar.”

    “Aquel diario se lo compró su madre en una tienda de ‘todo a cien’ cuando las ‘cien’ eran ‘cien pesetas’. En la portada tenía la imagen de la Sirenita con el fondo verde, y unas estrellas llenas de purpurina con agua. En el inferior derecho de cada página estaban dibujados el pez y el cangrejo que la acompañan en la película.”

    🙂

  4. Nunca he creído en nada más que en la vida, quizás por eso cuando algo malo sucede, acabo reiniciándome como un acto reflejo y me digo que esto es lo único que existe, lo único que importa. Hay quien se arrastra porque no le queda otra que seguir, que vivir en su dolor hasta el final. Espero que Julia empiece de nuevo por el deseo de vivir.

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